La historia del Hotel Casona Oaxaca se remonta a 1896, cuando un reconocido mesón local adoptó el nombre de "Hotel Francia", formalizando así sus servicios en una época en la que Oaxaca se encontraba bajo la influencia del porfiriato. Durante esos años, la ciudad fue testigo de un auge cultural y social, convirtiéndose en uno de los destinos más prestigiosos de México, atrayendo a personalidades importantes de la política, el arte y la literatura.
Entre los huéspedes notables se encuentra el célebre escritor inglés D.H. Lawrence, quien, en 1925, pasó una temporada en la legendaria habitación 218. Inspirado por su estancia en Oaxaca, Lawrence escribió algunas de sus obras más importantes, consolidando el lugar como un refugio para mentes brillantes.
Sin embargo, la historia del hotel no estuvo exenta de tragedia. El 14 de enero de 1931, un devastador terremoto sacudió la ciudad, dejando al Hotel Francia gravemente dañado. A pesar de esto, el inmueble fue reconstruido con una ingeniería que lo convertiría en una de las construcciones más resistentes a sismos de Oaxaca, capaz de soportar terremotos de hasta 9.0 grados en la escala de Richter.
El hotel también fue testigo de momentos históricos clave en la identidad oaxaqueña, como el inicio de las festividades del IV Centenario de la ciudad en 1932, que dieron origen a la Guelaguetza, una de las celebraciones más importantes del estado.
A lo largo de los años, el Hotel Francia sufrió un deterioro tanto en su infraestructura como en su marca. Fue a inicios del siglo XXI cuando se decidió transformarlo en el Hotel Casona Oaxaca, modernizando sus instalaciones y reduciendo su capacidad para ofrecer una experiencia más personalizada. Conservando la esencia histórica en sus dos patios —el patio Juárez con sus tonos oaxaqueños y el patio francés de elegante color amarillo—, el hotel ha evolucionado para combinar historia, paz y modernidad en un solo lugar.
Hoy en día, el Hotel Casona Oaxaca continúa siendo un refugio para viajeros que buscan disfrutar de una estancia con confort y autenticidad. Queremos agradecerle por ser parte de esta historia y ayudarnos a continuar escribiéndola juntos.
La historia de este hermoso inmueble se remonta a 1896, cuando un famoso mesón de Oaxaca, conocido por ser durante muchos años la casa de huéspedes preferida entre los locales, decidió adoptar el nombre "Hotel Francia" para formalizar sus servicios. En esa época, Oaxaca se encontraba bajo el mandato de Porfirio Díaz, quien había elevado a la ciudad como uno de los destinos más prestigiosos de México. La construcción de las vías férreas y el auge del istmo de Tehuantepec atrajeron a numerosos visitantes y trabajadores desde la capital y otras regiones, convirtiendo a Oaxaca en un centro cultural y social en sintonía con las tendencias francesas que imperaban en la sociedad porfiriana.
En sus primeros años, el Hotel Francia hospedó a importantes personalidades políticas, intelectuales y artísticas. Entre ellas, destaca el célebre escritor inglés D.H. Lawrence, quien se alojó presumiblemente en la habitación 218 durante el otoño de 1925. Durante su estancia, Lawrence escribió algunas de sus obras más conocidas, como "La serpiente emplumada" y "Mañanas en México", inspiradas en los lugares que visitó en nuestro país, siendo Oaxaca uno de los que más le marcaron. Aunque dejó México un año después gravemente enfermo, Lawrence nunca olvidó cómo los "indios" lo seguían por las calles, llamándole "¡Cristo Cristo!".
El 14 de enero de 1931, alrededor de las 20 horas, un terremoto de 7.8 grados sacudió la ciudad de Oaxaca durante tres minutos y diez segundos, provocando una tragedia de magnitudes incalculables. Aunque no se tiene un registro exacto del número de víctimas o construcciones afectadas, se estima que hubo cerca de 10,000 muertos. Este desastre también trajo consigo hambruna, cólera y la migración de muchos oaxaqueños a otras ciudades, especialmente al Distrito Federal.
Las pocas imágenes que se conocen de la tragedia fueron filmadas por el célebre cineasta ruso Sergei M. Eisenstein. Casualmente Eisenstein y su equipo se encontraban rodando ¡Que viva México! en la región, por lo que pudieron realizar este corto documental llamado “El desastre en Oaxaca”. El Hotel Francia, gravemente dañado, tuvo la oportunidad de reconstruirse gracias al trabajo de ingenieros altamente capacitados, logrando erigir un edificio resistente a sismos que ha soportado decenas de terremotos desde entonces. Hoy en día, se considera uno de los inmuebles más seguros de la ciudad, con capacidad para resistir terremotos de hasta 9.0 grados en la escala de Richter.
Siguiendo los pasos del novelista D. H. Lawrence, Michael Lowry otro famoso novelista inglés se internó en el mundo mexicano para escribir “Bajo el volcán”, una novela ambientada en México, aunque distintos sucesos de la novela pasaron en Oaxaca; Lawry nunca dejó de mencionar su inspiración en y sus buenos momentos en Hotel Francia.
Mencionó que fue en Oaxaca donde más se expresó su sentimiento con la muerte: realizó tres visitas al estado que le dejaron huellas poéticas que esparció en sus libros. La primera visita duró unos cuantos días, y mientras el tren ingresaba en territorio oaxaqueño Lowry fue descubriendo escenarios para su novela: montañas de tierra blanca y rojiza pobladas de cactus y órganos candelabros. La visita la hizo con su esposa Jan Gabrial y sólo pudieron conocer el mítico Árbol del Tule, Santo Domingo y Monte Albán. En este viaje conoció al gerente del Hotel Francia, Antonio Cerrillo, quien sería un gran apoyo durante su estancia en México. Fue ademas enamorado por las delicias del mezcal y le gustaba aparecer en fotografías acompañado de esta bebida tradicional.
A partir del terremoto de 1931 tras una severa crisis, Oaxaca comenzó un camino de construcción y logró establecer la identidad por la que es conocida internacionalmente. Angustiados ante la apremiante necesidad, las autoridades estatales recordaron que el siguiente año, 1932, Oaxaca cumpliría cuatrocientos años de haber sido nombrada ciudad por el rey de España Carlos V. La organización de un gran festejo, que pudiera atraer visitantes e inversiones, se impuso como un remedio para la crisis. Así, en noviembre de 1931 se reunieron en el Palacio Municipal los integrantes del recién constituido Comité Organizador de los Festejos del IV Centenario y decidieron que las celebraciones se llevarían a cabo del 24 de abril al 5 de mayo. Para la formulación del magno programa se definieron cuatro ramificaciones: Disposición de los festejos, Homenaje Racial, Concursos y festividades para exponer la cultura y costumbres del estado, y Excursiones a los lugares históricos y arqueológicos de Oaxaca. Dos iniciativas resultaron medulares: la Exposición Regional y el Homenaje Racial.
El Homenaje Racial fue concebido como una obra en tres cuadros, donde los indígenas serían los actores principales, rindiendo tributo a la ciudad capital en su aniversario. El escenario sería un teatro al aire libre, construido ex profeso en las faldas del cerro del Fortín, aprovechando el declive natural como gradas.
Fue en este marco donde se estableció el inicio de la tradición de elegir a la diosa Centéotl, un símbolo de la fertilidad y la abundancia en la cultura zapoteca, quien presidiría las festividades. En sus primeros años, la figura de la diosa se fusionaba con la elección de la Señorita Oaxaca, descrita como “una hermosa doncella morena de andares solemnes, esbelta de porte, difundiendo felicidad en su mirada”.
Como reina de las festividades, la Señorita Oaxaca ennoblecería las inauguraciones, manifestaciones deportivas, bailes, espectáculos teatrales y conferencias culturales, representando a la ciudad capital. Pocos días antes del evento, Margarita Santaella fue proclamada vencedora, tras una contienda repleta de incidentes en la que los distritos también presentaron candidaturas.
El Homenaje Racial se llevó a cabo el 25 de abril en la Rotonda de la Azucena. Inició a las nueve de la mañana, presidido por el gobernador y funcionarios de alto nivel. En un escenario cargado de símbolos de la mexicanidad y el localismo (la bandera nacional, canto del himno regional socialista, presencia de intelectuales del centro del país y adornos con productos del estado como palma, follaje de plátano, paxtle o heno, y cactus), apareció la Señorita Oaxaca vestida con un huipil blanco y bordado, acompañada por las “Siete Diosas de la Fraternidad” –una por región– y por los “Sietes Espíritus del Bien”, caracterizados por parejas de niños vestidos con los trajes autóctonos del estado y moviéndose al son del vals Dios nunca muere, del compositor oaxaqueño Macedonio Alcalá. En el segundo cuadro desfilaron las embajadas de las regiones presididas por dos ancianos venerables que llevaban el bastón con lazos azules, símbolo de la autoridad suprema de la región, seguidos por hombres y mujeres con sus mejores trajes típicos. Al estar frente a la representante de la ciudad, todos dejaron sus tributos y los ancianos entregaron el bastón que fue recibido con toda reverencia.
En el tercer cuadro, la Señorita Oaxaca entregó a cada una de las Diosas de la Fraternidad unos de los listones de colores que caían de su cetro, para que los llevaran a las representantes de las embajadas. Cerraba la ceremonia el vuelo de palomas blancas que simbolizó “el alma de la suave provincia que va a las regiones todas del estado, a llevarles un beso de amor”, como decía El Mercurio al día siguiente. Las aves se levantaron acompañadas por las notas del Himno a Oaxaca, compuesto para la ocasión.
Así concluyó el Homenaje Racial a la ciudad. En los años siguientes, el festejo del Lunes del Cerro incluyó una escenificación similar a la de 1932, a la que se denominó Guelaguetza, nombre que terminó por imponerse a toda la fiesta.
Después de más de 100 años de historia, el hotel Francia sufrió un deterioro tanto en su marca como en sus instalaciones. Por ello, durante la segunda década del siglo XXI, cambió su nombre a Casona Oaxaca, realizando una importante modernización en su concepto, servicios e infraestructura. Lo que alguna vez fue un hotel de más de 50 habitaciones, dividido en dos patios con identidades muy marcadas —el patio Juárez, con una identidad oaxaqueña reflejada en sus tonos rojizos, y el patio francés, que aún conserva su elegante color amarillo—, redujo su número de habitaciones. Decidieron conservar aquellas con mayor potencial para ser renovadas y adaptarlas mejor al nuevo concepto.
Hoy, el hotel Casona Oaxaca combina una atmósfera de HISTORIA y PAZ con la modernidad de los servicios en sus habitaciones, brindando el confort y la experiencia placentera que sus huéspedes necesitan. Esta propiedad se ha mantenido como una de las favoritas entre los visitantes de Oaxaca y, hoy en día, recibe a cientos de huéspedes que continúan escribiendo la historia de este proyecto. Gracias por ser parte de ella y ayudarnos a seguir esta trayectoria juntos.
Valerio Trujano 206, Centro, 68000 Oaxaca de Juárez, Oax., Mexico
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